Entrevista con la historia. Recuerdos de una vida junto al caudillo nacionalista
Esta nota la escribo en tono personal. Con el corazón y no sólo con el teclado. No es un análisis político ni un comentario sobre conflictos o guerras. Esta nota es un homenaje. Afortunadamente, en vida, por muchos años más, a Susana Sienra de Ferreira, que hace pocos días, el 26 de octubre, cumplió 90 años.
Ana Jerozolimski | Desde Israel
3-11-10
Detrás de todo gran hombre, siempre hay una gran mujer, afirma el dicho popular. En realidad, debe ser «junto» a todo gran hombre, no «detrás». Convencida de lo cierto de la idea, en algunas oportunidades mi profesión me ha privilegiado llevándome a conocer a algunas de esas grandes mujeres.
Fue así que entrevisté hace pocos años a Lili Lerena de Seregni, aunque telefónicamente y no en persona, ya que lo hice desde Jerusalem. Era como verla y sentirla cerca…un deleite para el alma.Y fue así que tuve, hace algo más de tres años, la dicha de reportear personalmente, en el departamento donde vivía entonces, en Pocitos, a Susana Sienra de Ferreira, que por ser la esposa de Wilson, fue protagonista de la historia, de momentos cruciales vividos por Uruguay.
Ella, con la sencillez, modestia y don de gente que le caracteriza, me agradecía mi interés..y yo me preguntaba en mi fuero íntimo si captaría en mi atención en qué medida la agradecida era yo.
Hoy aquí, publicamos un pequeñísimo resumen de aquella extensa y apasionante entrevista con Susana, dejando de lado lo político. Prefiero algo de lo personal. Por muchos años más. Como decimos en el judaísmo: «hasta los 120».
P: Susana ¿cómo conoció a Wilson?
R: Lo conocí cuando yo tenía 16 años. Fue curiosísimo.Mi abuelo, que empezó vendiendo empanadas en la plaza Maldonado y acabó teniendo una de las primeras casas en Punta del Este, hizo una casa sobre una playita que ahora no existe. Nosotros veraneábamos en un ranchito que él hizo en el fondo, divino. Cuando murió mi abuelo, la familia dijo que no se podía entonces ir a veranear. Alquilaron la casa a unos tíos de Wilson, a Isac Ferreira. En el ranchito del fondo seguíamos viviendo nosotros, porque papá y mamá decidieron que nosotros iríamos igual. Las hijas de Isac Ferreira, primas de Wilson, me decían: «tenemos primos de Cerro Largo, están por venir y vas a ver qué sensacionales que son».La tía me decía «me gusta el mayor para ti». Wilson siempre era muy alegre, muy divertido, y la tía me decía que no es tan serio como el mayor. ¡Pero a mí siempre me gustó el menor!
P: ¿Cómo fue la primera vez que vio a Wilson?
R: Estaba en la terraza y las primas de Wilson fueron a decirme que vaya, que habían llegado los primos de Cerro Largo. Fui con ellas y ya me gustó.
P: Enseguida…
R: Enseguida. Pero él tenía una novia como dos años. Yo disimulaba. No se me notaba ni en casa…
P: Hasta que le hizo una torta por su cumpleaños, según ya me contó en otra ocasión…
R: ¡La torta! Es verdad, aunque me habían dicho que no correspondía que una chica le prepare una torta a un muchacho. Te diré que Wilson era muy de hablar con personas mayores aunque tenía sólo 16 años. Había habido el golpe de estado de Terra y él empezó a militar.¡Y en qué forma! Ya a esa edad dijo sus primeros discursos contra Terra. Yo lo escuché. Luego vino la guerra en España y nos encontrábamos por casualidad en todos los actos que había por la República. Nos unió la República española…
P: Susana, me imagino entonces que al verlo habrá pensado ¡ qué guapo este muchacho!, pero después conoció también su otra dimensión…
R: Así es. Te diré que me acuerdo que papá y mamá habían quedado deslumbrados con él. Lo adoraban. Mi hermana y yo decíamos que estábamos celosas, que lo querían más a él que a nosotras. Tenían pasión con él. Toda la familia lo quería. Teníamos un tío catalán que era medio serio, pero se tentaba con las salidas de Wilson. Eran las únicas veces que lo veíamos reirse con ganas. Tenía siempre ocurrencias oportunas. Y era muy político, ya de jovencito.
P: ¿En esa época importaba que la pareja sea de la misma filiación política?
R: Si, pero Wilson era blanco independiente y mis padres eran batllistas. Pero nunca tuvo una discusión violenta. Al contrario.En aquella época incluso había una cierta unión entre el Batllismo y los blancos independientes porque estaban contra la dictadura de Gabriel Terra.
P: Susana, cuando conoció a Wilson él estaba de novio.¿Cómo evolucionó entonces la situación?
R: Bueno, incluso cuando estaba de novio fue a la casa de los tíos a pasar unos días y se quedó. Acabaron haciéndole una cama en el garage .La casa estaba llena porque Wilson no se movía. Se quedó por mí. Después me lo contó, que se había quedado por mí. Nos ennoviamos en 1939.
P: En aquellos tiempos era muy distinto estar de novio ¿verdad?
R: Sin duda. Por empezar, la mamá estaba siempre ahí, en un rinconcito. Nosotros hablábamos despacito. Nunca salíamos solos. Estaba muy mal visto que una chica saliera sola con un muchacho. A veces se podía salir con el hermano si él salía con otra chica. Pero así era y estábamos acostumbrados. Ibamos a la playa con la valijita con el fonógrafo, poníamos canciones románticas. Tuvimos un noviazgo muy largo, cinco años. Nos casamos en 1944. Ahí podíamos estar solos.¡Nos parecía tan raro! Tomamos un ferrocarril a los lagos argentinos. Era como un sueño, un paraíso. La luna de miel, todo eso, que fue tan lindo. Encontrarnos solos, poder hablar sin que nadie escuche. Nunca nos peleamos. Alguna discusión tuvimos porque él era demasiado bueno y perdonaba con demasiada felicidad alguna actitud fea de algún amigo, quizás creyendo que no volvería, como cuando se exilió. Alguno dejó de escribirle. Pero cuando volvimos, Wilson abría los brazos a todos. Ahí tuvimos alguna discusioncita porque yo le decía cómo le puede perdonar. Y él me decía: «Pero pobre, no es obligación ser valiente. Cada uno es como es».
P: Susana, cuando usted lo vio a Wilson ¿entendió enseguida que era el hombre de su vida?
R: Sí, sí, sí…Por eso lo extraño tanto. Lo extraño del momento que abro los ojos hasta que los cierro de noche. Pero está presente, está entre nosotros, siempre.
RECUERDOS FELICES
P: Susana, usted no es sólo la esposa de Wilson.¿No me cuenta primero algo de su propia vida, antes de conocerlo a él?
R: Nací en Uruguay y Ejido. Todavía está la casa en pie. Tuve una infancia muy feliz, porque tuve la suerte de tener padres adorables y abuelos sensacionales. Uno de mis abuelos había sido lancero de Timoteo, así que el blanquismo me viene de él. El otro era colorado, batllista. Toda mi infancia oía los comentarios que hacían mis padres y abuelos de la guerra del 14, que a mí me parecía lejanísima. Cuando estalló la otra, la Segunda guerra mundial, papá y mamá decían «han pasado sólo 20 años y otra vez guerra..» y a mi veinte años me parecía una enormidad de tiempo.
P: ¿Cómo era el Uruguay de aquella época?
R: Era sensacional. Ese es el recuerdo que tengo. Montevideo era medio pueblito. Todo el mundo se conocía, todo el mundo se saludaba. Ahora se ve eso todavía un poco en los barrios, cuando la gente conversa aunque no se conoce. Eso pasaba en el Centro y Cordón cuando yo era chica. Era muy agradable.
P: Tendrá muchas anécdotas en su memoria…
R: Muchísimas.
P: Como la de aquella frase que le dijo y le hizo reir, cuando estaban por tratar de escapar en un avión…Lo leí en «Con la patria en la valija», que escribió Juan Raúl.
R: Es verdad. Nos llevó un amigo en una camioneta al Jagüel. Ahí estaban los milicos. Había un avioncito que iba siempre particular. Ya estaba todo arreglado. El avión dio la vuelta, arrancó y nosotros nos tiramos al piso en la camioneta y arrastrándonos, porque sabíamos que el avión iba a parar ahí, subimos. Y ahí me dijo: «No podrás decir que te he dado una vida aburrida». En el momento de más susto, tensión, espantoso, de hambre, de todo, se le ocurrió decirme algo así. Y me hizo reir. Tenía la palabra justa en cada momento.
Susana Sienra de Ferreira, en sus 90 años
03/Nov/2010
La República; Ana Jerozolimski; 03/11/10